Cartaojal ya vive su Feria. La noche de ayer no fue una más en el calendario; fue la noche en la que Ana Belén, vecina y exalcaldesa pedánea, puso voz al sentir de todo un pueblo en el que ha sido el primer pregón oficial de nuestra feria. En un discurso cargado de sentimiento, recuerdos de infancia y verdades compartidas, la pregonera logró captar la esencia de lo que significa ser de Cartaojal: una identidad que va mucho más allá de lo que dicta el número del carnet.
La identidad como bandera
Ana Belén comenzó rompiendo el hielo con humor, recordando cómo el nombre de nuestro pueblo -tan parecido al famoso vino malagueño que nació en nuestro pueblo- ha servido a más de uno para "conseguir alguna invitación" en la capital. Sin embargo, pronto elevó el tono para definir su origen como "la verdad más grande" de sí misma, recordando sus raíces y dedicando sus palabras a quienes la acompañaban desde el cielo: su madre Anita y sus abuelos Salud y Antonio.
Entre los olivos, las placas solares y el "aquí no hay nada"
El pregón no evitó la realidad actual ni las espinas del pasado. Ana Belén describió a Cartaojal como un pueblo que hoy se debate entre los olivos y las placas solares, y lanzó una reflexión necesaria sobre la valoración de lo propio. Recordó con franqueza aquella época en la que muchos vecinos preferían marcharse a otras ferias pensando que la de aquí era "poca cosa".
"Mi reto siempre fue que los vecinos dejaran de decir 'vámonos a otro sitio, que aquí no hay nada' y empezaran a decir 'esta noche nos vemos en la feria'", afirmó, aludiendo a su etapa de gestión, donde tuvo que lidiar con presupuestos ajustados, "trabas" y malabares para demostrar que Cartaojal podía aspirar a lo mejor.
Un homenaje a los "invisibles"
Uno de los momentos más aplaudidos fue su firme defensa de la Asociación de Vecinos. La pregonera reivindicó su labor altruista y muchas veces invisible, pidiendo para ellos el reconocimiento que merecen por sostener la vida del pueblo "sin esperar nada a cambio". También tuvo palabras para quienes trabajan "sin prensa y sin fotos", dejando claro que el alma de la feria no la hacen los escenarios ni las luces, sino la gente y los reencuentros.
La esencia de la fiesta: recuerdos y futuro
El pregón rescató imágenes que viven en la memoria colectiva: el camión de los coches de choque llegando al pueblo y los veranos en el campo de fútbol de arena.
Mirando al presente, Ana Belén hizo un repaso por lo que nos espera estos días: desde la ya celebrada XXVÑII Noche Flamenca y las cintas en moto, hasta los concursos de porra y tortillas, los autos locos y las verbenas que se alargan hasta el amanecer.
Ana Belén cerró su intervención con un mensaje de esperanza: mientras haya alguien dispuesto a pregonar su historia, Cartaojal tendrá memoria y, sobre todo, futuro. Con un sentido "¡Que viva Cartaojal!", la pregonera dio el pistoletazo de salida a una feria que, por fin, ya late en nuestras calles.
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