Y lo peor no es solo vivir de lo que sobra. Lo peor es que, mientras esta situación continúe, nuestro pueblo no tendrá un futuro claro. No tendremos un plan para resolver nuestras necesidades ni una estrategia propia. Seguiremos dependiendo de un ayuntamiento al que, sencillamente, no le importamos.
Cualquier pueblo de nuestro entorno cuenta con un grupo de personas dedicadas todo el año a defender y gestionar sus intereses. Cartaojal, en cambio, apenas aspira hoy a una Asociación de Vecinos que tiene que estar dando la lata a quienes gobiernan desde otro municipio. No es una lucha en igualdad de condiciones.
Seamos realistas: mientras Cartaojal no tenga ayuntamiento propio, seguirá dependiendo de gente que no considera a nuestro pueblo su prioridad. Y eso es independiente del color político de quien gobierne. La historia lo demuestra: ni el PP ni el PSOE han tenido nunca a Cartaojal entre sus verdaderas preocupaciones. Para Antequera siempre hemos sido un estorbo, gobierne quien gobierne.
Ahora, además, dependemos de un alcalde que nos mintió cuando comenzaron a llegar los proyectos de parques fotovoltaicos. Nos aseguró que no permitiría que eso se hiciera en Cartaojal, que pondría trabas, y pocas semanas después estaba brindando con los empresarios chinos para celebrar el acuerdo con una empresa que iba a construir uno de esos parques.
Ese tipo de traiciones no se pueden perdonar. Si lo hacemos, nos convertimos en cómplices, en aliados de quienes no gobiernan para Cartaojal sino contra nuestro pueblo.
Esto nos afecta a todos. Cada vecino debe preguntarse qué futuro quiere para su pueblo, y la Asociación de Vecinos también debería ser reflejo de esa inquietud colectiva.
Nuestra Asociación está haciendo una gran labor. Hay un grupo de personas comprometidas con el progreso de Cartaojal, pero a veces me pregunto cómo estaría nuestro pueblo si ese mismo grupo fuera un poco más lejos y se convirtiera en un verdadero gobierno local, dirigiendo el futuro común desde un Ayuntamiento propio.
Tal vez sea solo una aspiración, pero los vecinos de Cartaojal deberíamos empezar a imaginar un futuro sin la tutela de Antequera. Un futuro con buenas relaciones de vecindad, pero en el que se reconozca que nuestro pueblo tiene necesidades propias, hoy desatendidas, y sabiendo que necesita un grupo de personas que piense y decida cuál debe ser nuestro camino.
Hay gente que prefiere reírse de todo y tomarse a guasa cualquier situación. Esos son los principales enemigos de nuestro pueblo porque ellos son los que nos están empujando a una situación en la que se nos desprecia y en la que no se tiene en cuenta nuestros problemas y el valor real de nuestro pueblo.

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